El proyecto comienza por algo sencillo, casi vulnerable -que no se termina de adaptar- como es el caso de las glicinias (Wisteria sinensis) de la azotea de LCE con el objetivo de propiciar un clima más habitable.
La propuesta se estructura a través de una coreografía estacional vinculada al ciclo anual de la planta: trabajo con el sustrato, sistemas de riego y abonado, floración, podas y recirculación de residuos orgánicos. En ese proceso, la glicinia deja de ocupar un lugar ornamental para adquirir un papel relacional, convirtiéndose en nodo activo para nuevas exploraciones materiales, ecológicas, estéticas.
Con una vocación claramente colaborativa, Proyecto Wisteria se articula como una plataforma de investigación abierta con colectivos e instituciones ya existentes. El proyecto no persigue soluciones cerradas, sino la activación de procesos de transformación progresiva. Así, a través de pequeñas alteraciones en los flujos de agua, energía, residuos y saberes, se explorarán pequeños cambios sistémicos que posibiliten la ayuda mutua entre plantas, infraestructuras y comunidades humanas… entendiendo la ciudad no solo como sumidero, sino como manantial.